Los millones de vacunas que se perdieron

La Argentina podría haber contado hasta fines de este mes con ocho millones de dosis de la vacuna Pfizer: casi un 20 por ciento de la sociedad estaría vacunada con ese inmunizante; es el doble del total de la población vacunada hasta ahora.

La Argentina podría haber contado hasta fines de este mes con ocho millones de dosis de la vacuna Pfizer. Significa que casi un 20 por ciento de la sociedad argentina estaría vacunada con ese inmunizante, o casi un 10 por ciento, si se consideran las dos dosis de esa vacuna. Es el doble del total de la población vacunada hasta ahora.

Esta es la revelación más importante que hizo este martes ante el Congreso el director general de Pfizer para la Argentina, Nicolás Vaquer. Esos ocho millones de dosis hubieran llegado entre fines del año pasado y el segundo trimestre de este año. El resto, poco más de cinco millones de dosis, llegarían en el último trimestre. El total de vacunas que Pfizer se comprometió a entregar ante el gobierno argentino fue de 13,2 millones de dosis, tal como lo anticipó LA NACION hace varias semanas. LA NACION había informado de 13,3 millones de dosis; el error se reduce a 100 mil dosis.

El Presidente debería hacer, otra vez, una reflexión sobre las cosas que dice. La afirmación de Vaquer desmiente la suposición de Alberto Fernández, quien hace unos días señaló que tuvo la impresión de que Pfizer no quería firmar el contrato porque no podría cumplir con el compromiso hasta no abastecer totalmente al mercado norteamericano.

El hecho desconocido hasta ahora era que el laboratorio les había entregado a las autoridades argentinas un programa preciso de envíos de vacunas. ¿Por qué el Presidente infirió que el laboratorio incumpliría su compromiso? ¿Por qué, si la única vacuna que sí tiene un compromiso con el Estado norteamericano es Moderna, porque su inmunizante fue financiado casi íntegramente con fondos públicos? ¿Por qué, si Pfizer había hecho en la Argentina el ensayo más grande del mundo en el proceso de investigación y desarrollo de la vacuna, que incluyó la inoculación a 5762 argentinos en el Hospital Militar? Las suposiciones son suposiciones. Los hechos son los que contó ayer el máximo directivo de Pfizer en la Argentina.

Es cierto que en esos momentos, entre julio y octubre del año pasado, el Gobierno estaba negociando con muy buenos resultados con el laboratorio AstraZeneca, que aceptó tener un socio local y eligió al empresario farmacéutico Hugo Sigman para que fabricara aquí el principio activo de la vacuna. Según acaba de reconocer el exministro de Salud Ginés González García ante el periodista Pablo Sirven, él tiene una vieja amistad con Sigman. El principio activo se trasladaría luego a México para su separación y envasado en el laboratorio Liomont. El multimillonario mexicano Carlos Slim aportó 200 millones de dólares para esa investigación con la condición de que las vacunas se distribuyeran en América Latina. Sin embargo, el laboratorio mexicano tuvo problemas con los insumos norteamericanos en momentos en que los Estados Unidos sufrían una devastadora ola de Covid-19. Después, AstraZeneca tomó la producción argentina-mexicana y la destinó de acuerdo a sus conveniencias. Aunque la Argentina pagó por anticipado 60 millones de dólares a AstraZeneca, esa vacuna demoró (y demora) mucho en llegar. Pero el gobierno norteamericano dispone de 40 millones de dosis del inmunizante de AstraZeneca que no puede aplicar porque no está todavía autorizado por la FDA, el organismo norteamericano de control de medicamentos. Es evidente que AstraZeneca prefirió competir por el mercado norteamericano con Pfizer, Moderna y Janssen antes que cumplir con los contratos que ya había firmado. Por su parte, la Unión Europea le inició un juicio por incumplimiento de contrato; sospecha que AstraZeneca privilegió la vacunación en Gran Bretaña, uno de los países con mayor porcentaje de población inmunizada y donde ese laboratorio tiene su casa matriz.

Por: Joaquín Morales Solá | LA NACION

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