Cuando esto termine seremos mucho mejores. Naaaaaa

Cuando ya habían pasado los primeros meses de encierro, hace casi un año y medio, mientras se desarrollaba todo este asunto de la cuarentena, el Covid y el confinamiento extremo, que dicho sea de paso, no sirvió para nada, ya que en esta parte del país y del mundo el bicho llegaría varios meses después, alguno de los alicientes que utilizábamos para transitar de la mejor manera la cuarentena era «de esta vamos a salir mucho mejores».

Un poco porque los medios de comunicación y en las distintas redes así lo planteaban, y otro poco por la escasa expectativa que teníamos que todo esto nos serviría de algo, nos refugiamos en una premisa muy difícil de alcanzar, máxime considerando que antes y después de la pandemia seguiremos siendo argentinos… todo dicho.

Definitivamente podemos ser mejores, pero lamentablemente vamos a tener que esperar otra pandemia o alguna situación que nos apremie realmente como esta. Ocurre que para esta oportunidad, nadie salió del molde y Lincoln no fue la excepción. Todo venía lindo con nuestros héroes locales, el oficialismo actuando y gestionando en la medida de lo posible, con sus varios aciertos y algún que otro error de cálculo más que nada. La oposición haciendo las veces de «no queda otra que acompañar» y casi todo en los andariveles lógicos de «no somos lo mismo, pero en esta debemos tirar juntos».

Hasta que comenzaron los primeros chispazos pre campaña electoral para las Legislativas 2021. Desde ese momento, un par de meses atrás, hasta estos días, empezaron a buscarle el error, la falta, la desidia y varias cuitas más, tanto de una vereda como de la otra. Pero no es esa la cuestión que nos hace menos humanos. De ese tipo, de las que vienen de políticos y sus cositas ya estamos llenos y hartos, dicho sea de paso.

Otras cosas, mucho más comunes al ciudadano de a pie, nos enrostró que debemos descreer realmente que salgamos de esto, mejor de los que éramos. Padre de familia, un hijo con síntomas claros de Covid positivo, a los dos días le hicieron el PCR al chico y a los cuatro días el resultado. El patrón del padre de familia en cuestión, le recomendó que siga yendo a trabajar, más allá que lo hace junto a otros empleados a los que no les podía alcahuetear su situación, porque solo lograría «parar» el negocio. Claro que en la recomendación del Jefe hacia el empleado, iba implícito el mensaje de «no podes faltar», una argentineada propia de cualquier ciudadano digno de haber nacido en este país.

Otro caso similar pero a la inversa ocurrió en aquel empleado que habiendo cumplimentado los 10 días de aislamiento por Covid positivo, no lo dejan ir a trabajar por el simple motivo de «no tener el alta oficial», y por temor a que la ART le haga quilombo al dueño, el empleado no pudo hacer sus tareas con todo el perjuicio que ello conlleva.

Otro datito del estilo, un comerciante de los nuestros, al notar que llegaba la hora de cierre, decidió meter a todos los que estaban haciendo cola (una decena de personas) para que esperen su turno dentro del «boliche». A priori es una muy buena acción, pero al romper la regla del horario, también rompió el protocolo, el distanciamiento y sobre todo desoyó un mandato que procura beneficiar al grueso de la población y no al puñado que esperaban.

Otra señora bien, que vive «en el centro», con un resultado de Covid positivo, rompió el confinamiento y para el mercado salió de compras. Imagine el desparramo de bichos a cada paso. Sería algo así como una «bomba de virus» a punto de estallar. Mientras tanto más de uno le endilga la culpa de la explosión de contagios a la presencialidad en las escuelas.

Es realmente muy difícil estar libre de pecado para tirar la primera piedra, acá no hay muchos buenos, más bien podríamos decir que hay varios del medio y de ahí para abajo. No da la sensación que saldremos de esto «mejores de lo que éramos cuando empezó», en realidad me parece que saldremos más expuestos, más como Dios nos trajo al mundo, pero mejores…, mejores no.

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